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Una vida de servicio público y humanidad: Guillermo Hernández Fajardo se despide del ISL tras más de 30 años de trayectoria

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El miércoles 31 de diciembre de 2025 marcó el cierre de una extensa y significativa trayectoria laboral en el Instituto de Seguridad Laboral. En una emotiva jornada, funcionarios y funcionarias de la Dirección Regional de Coquimbo compartieron un desayuno de camaradería para despedir a Guillermo Hernández Fajardo, quien culminó su etapa laboral tras más de tres décadas de servicio público, finalizando su gestión como encargado del Departamento de Administración y Finanzas (DAF).

Con palabras sinceras, recuerdos y agradecimientos, la instancia fue reflejo del sello que Guillermo dejó en la institución, tal como su profesionalismo, trabajo en equipo y una profunda calidad humana. En esta entrevista, repasa su historia, aprendizajes y mensajes para las nuevas generaciones.

Guillermo, ¿cómo comenzó su trayectoria en el servicio público?

“Mi trayectoria comenzó en diciembre del año 1993, en el entonces Instituto de Normalización Provisional (INP) que después pasó a ser denominado Instituto de Previsión Social (IPS). Ahí di mis primeros pasos en el servicio público. Posteriormente, en 1995, gané un concurso interno para integrarme a un nuevo departamento que se estaba creando en ese momento, el Departamento de Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales (DATEP), a propósito de la promulgación de la Ley 19.345, que es la ley de los empleados públicos”.

En su trayectoria usted vio importantes transformaciones. ¿Cómo vivió esos cambios?

“Claro, el servicio fue evolucionando con el tiempo. Con la Reforma Previsional (2008) se creó el Instituto de Seguridad Laboral como tal, y desde entonces he sido parte de ese proceso. Llegué a La Serena en el año 2000 y desde ahí he permanecido en la Dirección Regional de Coquimbo. He pasado por varias etapas y responsabilidades, hasta llegar finalmente al Departamento de Administración y Finanzas, donde cierro mi ciclo laboral”.

Mirando hacia atrás, ¿qué experiencia marcaría más su paso por la Dirección Regional?

“Sin duda, lo más significativo tiene que ver con una experiencia personal muy compleja como la enfermedad grave de mi hija. En ese momento, este equipo fue capaz de entregarme una solidaridad enorme. Yo trabajaba desde Santiago, mis compañeros estaban acá en La Serena, y aun así me apoyaron para que pudiera desarrollarme laboralmente y, al mismo tiempo, cuidar a mi hija. Eso para mí fue un logro enorme, una virtud del grupo humano que conforma esta Dirección Regional. He trabajado en muchos lugares y he visto mucho egoísmo: personas que no comparten conocimientos, que no ayudan a otros. Aquí es todo lo contrario. Aquí no existe el egoísmo. Esa ayuda que recibí en uno de los momentos más duros de mi vida es algo que nunca voy a olvidar. Son experiencias que marcan para siempre”.

Desde su rol como encargado del DAF y también como profesor de formación, ¿qué aprendizajes destacaría?

“A mí me gusta enseñar, entregar conocimientos y preparar personas. En esta institución uno aprende cosas que quizás en la docencia no se viven tanto, como tener personas a cargo, conocer sus realidades, sus inquietudes, sus problemas. Pero hay algo esencial que se aplica tanto en la docencia como aquí, el trabajo en equipo. Este trabajo no funciona si uno no se apoya en los demás. Es imposible ser una isla. Todos somos engranajes de una máquina. Si uno no funciona bien, la máquina no funciona; y lo mismo ocurre si falla otro compañero. Por eso es fundamental hacer bien la pega, no por uno mismo, sino por los beneficiarios de la ley, para que reciban correctamente los beneficios que les corresponden”.

¿Qué consejo le daría a quienes continúan desarrollándose en el ISL?

“Sean perseverantes. Entreguen sus conocimientos, no se los guarden. Trabajen siempre en equipo, porque el trabajo en equipo es el que da frutos. Trabajar solo no lleva a nada. Sean empáticos con sus compañeros. Si hay un problema, enfréntenlo, no lo escondan. Si hay algo que mejorar, háganlo en el momento. Eso es lo que finalmente construye buenas instituciones y buenos equipos humanos”.

En este momento de despedida, ¿siente que deja huella?

“Uno se da cuenta de que algo dejó, de que no trabajó mal. Hay un sentido de trascendencia, de haber marcado la vida de otros. Hace poco leía un correo de un compañero que me decía que había dos cosas que nunca olvidaría: una vez que lo fui a buscar a su casa cuando estaba enfermo, sin tener obligación, y cómo lo recibí el primer día que llegó a trabajar. Son cosas simples, pero la gente las recuerda. Y uno a veces se olvida de esas pequeñas acciones, pero son las que finalmente permanecen”.

El desayuno de despedida fue una muestra concreta del cariño y respeto que Guillermo Hernández Fajardo sembró durante más de 30 años de servicio público. Su trayectoria no solo deja números y gestiones bien realizadas, sino también relaciones humanas, enseñanzas y un ejemplo de compromiso que seguirá siendo parte de la historia de la Dirección Regional del ISL Coquimbo.

Gracias, Guillermo, por una vida laboral al servicio de las personas.

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